Egipto, aunque formalmente parte del Imperio Otomano durante siglos, fue ocupado por Reino Unido a partir de 1882. La razón principal fue su importancia estratégica para controlar el Canal de Suez, una vía crucial para el comercio entre Europa y Asia. A pesar de que en 1922 Egipto fue declarado oficialmente un reino independiente, la influencia británica permaneció muy fuerte, especialmente en asuntos militares y en la gestión del canal.
Durante esta época colonial, Egipto experimentó cambios significativos: modernización en infraestructuras, pero también grandes desigualdades sociales y económicas. La clase dominante estaba ligada a los británicos, mientras que la mayoría de la población rural vivía en condiciones de pobreza. Además, la cultura y la identidad nacional egipcia comenzaron a fortalecerse como reacción a la dominación extranjera.
La resistencia contra la ocupación británica se fue organizando durante las primeras décadas del siglo XX. Surgieron movimientos nacionalistas que demandaban una independencia real, más allá del reconocimiento formal. Estas tensiones culminaron en diversos episodios de conflicto político y social que prepararon el terreno para el cambio radical de la década de 1950.