Tras décadas de influencia británica, la insatisfacción de la población egipcia y la élite nacionalista creció considerablemente. La crisis mundial tras la Segunda Guerra Mundial debilitó aún más la posición británica, lo que permitió el auge de movimientos que demandaban una independencia real y la soberanía sobre el Canal de Suez.
En 1952, el movimiento de oficiales libres, liderado por Gamal Abdel Nasser, dio un golpe de estado que depuso al rey Faruq I y puso fin a la monarquía. Este hecho marcó el comienzo de una nueva etapa política para Egipto, con la proclamación de la república en 1953 y la retirada gradual del control británico.
Nasser impulsó una política de nacionalismo árabe y reformas económicas, como la nacionalización del Canal de Suez en 1956, que llevó a la crisis de Suez, un conflicto con Reino Unido, Francia e Israel. Esta acción fortaleció la imagen de Egipto en el mundo árabe y consolidó su independencia.
La independencia de Egipto fue un ejemplo clave del proceso de descolonización en África y Asia, mostrando cómo las luchas internas y las tensiones internacionales convergieron para terminar con el dominio colonial.